LA MUERTE Y EL NIÑO


Hacerte responsable por la vida significa también hacerte responsable por aquellos a quienes amas. Estás haciendo lo mejor que puedes, particularmente con tus hijos, pero lo mejor que puedes no es suficiente. ¿Y qué es lo que estás haciendo por los adultos que amas?

Ser responsable es hacer que todos los que amas empiecen a hablar abiertamente de la muerte y a comprender la muerte. Esto es verdadero amor. Porque, si los amas de verdad, ¿serás capaz de dejarlos cuando te mueras con la agonía que de otro modo tendrán que soportar?

Hablen juntos de la realidad de la muerte, del modo en que yo te estoy hablando ahora. No permitas que la muerte los sorprenda. Presenta el tema a la familia, hablen regularmente, no dejes que se escondan más de la muerte. Escucha lo que estoy diciendo tan a menudo como puedas hasta que entiendas la idea. Escuchen juntos hasta que puedan empezar a hablar abierta e inteligentemente. ¿Qué pasa si alguien no quiere escuchar? Muy pocos quieren escuchar: llegar a ellos es una tarea del amor. El verdadero amor no es fácil.

Permite que los niños escuchen. Incluye siempre a los niños. No trates de protegerlos, ellos son el futuro de esta comprensión. Antes de que los contaminemos con nuestras nociones neuróticas, ellos saben más de la muerte que nosotros. Pero en estos días, los más pequeños están empezando a tener miedo de la muerte más temprano que nunca. Puedes ver que esto está sucediendo cuando ellos se apartan de alguien que está muriendo o muerto en vez de quedarse allí con su inocencia y curiosidad naturales. Esto no es necesariamente culpa tuya, la neurosis grupal infecta a los muy jóvenes.

Escucha las preguntas de los niños, escucha sus observaciones, pero no les des nada que no sean los hechos, la verdad. Y demuestra siempre lo que estás diciendo en la vida a tu alrededor y en su propia experiencia, no en su imaginación. No les pidas que crean en nada o que crean nada. El hecho es que la muerte es sólo un cuerpo muerto. La verdad es que la vida es eterna. No hay necesidad de creer en ninguno de estos dos hechos.

Lleva a los niños al jardín o al parque. Muéstrales la muerte, hay cuerpos muertos por todos lados: hojas muertas, insectos muertos, abejas muertas, pájaros muertos, plantas muertas, árboles muertos. Luego muéstrales la vida: está en todas partes.

Pregúntales : “¿Te acuerdas de cuando estabas muerto?”

Si la respuesta es no, puedes decir: “Es porque nunca estuviste muerto, no hay muerte, hay solamente cuerpos muertos como estos.”

Si la respuesta es sí, puedes decir: “Si puedes acordarte de cuando estabas muerto, entonces no puedes haber estado muerto, ¿no es verdad?”

“Pero todavía no me he muerto, tengo sólo tres o cuatro años.”

“No, y nunca te morirás, sólo tu cuerpo muere.”

“Abuelito se murió.”

“No, el cuerpo de abuelito se murió.”

Si el niño o el adulto dice: “Pero, ¿adónde te vas cuando te mueres?”

Puedes decir: “Vuelves al lugar de donde viniste, al igual que las hojas, los pájaros y los árboles cuando se mueren.”

“Pero yo salí de la panza de mi mami.”

 “No, fue tu cuerpo el que salió de la panza de tu mami, igual que la hoja salió del árbol, el árbol salió del suelo y el pájaro salió del huevo. Tú no eres un cuerpo, ni tampoco lo es la belleza viviente del pájaro, del árbol o de la hoja. Tú eres vida. Emanas de tu cuerpo como el hermoso verde viviente de la hoja. Mira, estás emanando de tu cuerpo ahora, hablando conmigo. Mira que dulce y rosadito te ves, no te ves así cuando estás muerto, no lo hace esta hoja muerta, tal como puedes ver. Un cuerpo muerto, igual que una hoja muerta, no se ve vivo porque la vida que estaba en él, lo que tú eres ahora, simplemente ha regresado al lugar de donde vino. Cada noche, cuando te vas a dormir, vuelves al interior de tu cuerpo, ¿no es cierto? Cuando te estás muriendo todo lo que haces es volverte más adentro de tu cuerpo como volvió la belleza verde y viviente de esta hoja mientras se estaba muriendo. La vida que canta con alegría en los pájaros o que ríe y ama en tu cuerpo, nunca muere. Mira a tu alrededor: en todas partes la vida sigue cantando y siendo hermosa porque sabe que no hay muerte, que la muerte es sólo un cuerpo muerto.”

Tal vez el niño diga entonces: “¿Pero qué pasa si nos sentimos infelices y lloramos? Eso no es hermoso.”

Podrías contestarle: “No, pero la gente llora y es infeliz solamente porque no sabe que no hay muerte. ¿Me ayudarás a mostrarles esto y a hacer el mundo más feliz?”

Eres un jugador en el riguroso juego de vivir.
No puedes culpar al juego si no crees en las reglas o no te tomas el trabajo de recordarlas.
La primera regla del juego es que todo jugador muere, nadie sabe cuando llegará la muerte, a menudo los más jóvenes y los mejores se van primero.
Todos tienen que jugar.
El juego sigue para siempre o hasta que ganes.
Ganas si encuentras la muerte antes de que ella te encuentre a ti.
El premio es la vida.

 

Barry Long

© The Barry Long Trust

Extractado de Seeing Through Death.



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